Enfermedades respiratorias en invierno. Precauciones generales.

November 29, 2013 at 11:10 PM

Y ya con estos fríos notamos el descenso de la temperatura. Se acerca el invierno y con él aumentan las enfermedades respiratorias como catarros, “gripes” y neumonías.

El frío actúa per se como irritante para cualquier vía aérea originando mayor secreción nasal transparente y tal vez algo de congestión nasal que mejora durante el día al aumentar la temperatura ambiental sin que haya la presencia de algún germen infeccioso y con mejoría a las poca horas o días sin la necesidad imperiosa del uso de medicamentos.

Por el contrario cuando ese proceso es cíclico y más aun cuando nos molesta o interfiere con nuestras actividades diarias o nuestro descanso nocturno en ausencia de fiebre debemos considerar alergias respiratorias representadas por la rinitis alérgica o el asma.

Por otro lado si cursamos con síntomas respiratorios como secreción nasal o tos y hay fiebre con o sin escalofríos y malestar general ahora si podemos estar ante la presencia de una infección la cual puede estar ocasionada por un virus (síndrome viral) o una bacteria. Cabe hacer la acotación que en la infancia la mayoría de las faringitis, rinofaringitis y rinosinusitis son de origen viral por lo cual el apoyo con un antipirético, un antihistamínico o un descongestionante nasal serán suficientes para mejorar los síntomas mientras su propio organismo se deshace del virus para los cuales (en su mayoría) no hay antivirales específicos y mucho menos sirven los antibióticos.

Si usted ha sido testigo de un “milagro terapéutico” donde después de una sola toma o 2 por vía oral de antibiótico se le quitaron los síntomas, muy probablemente esa infección era viral y se iba a mejorar por si sola si solo esperaba 24 horas más. Habitualmente con los niños no queremos esperar ni una hora más por lo que presionamos a su médico para que recete antibióticos, que si no eran necesarios van a traer más molestias que beneficio; me refiero a gastritis medicamentosas, diarreas por antibiótico, desbalance de la flora bacteriana normal, predisposición a adquirir infecciones por otros gérmenes no cubiertos por ese antibiótico y resistencia bacteriana.

En el caso de infecciones bacterianas el tratamiento debe durar al menos 7 dias y muchos pueden durar de 10 a 14 días cuando estamos hablando de casos reales de neumonías o amigdalitis pultáceas o purulentas.

Usted debe mantener informado a su médico en todo momento de la evolución de cualquier tratamiento que el prescriba y siempre será más seguro consultar personalmente al menos al inicio de los síntomas para que el médico pueda hacer los cambios según evolución. Si un tratamiento indicado solo vía telefónica fracasa es tan responsable el paciente o el padre del paciente en el caso de los niños como el médico que intenta “interpretar” lo que usted intenta “describir” a “larga distancia”.
También es importante mencionar que unas fosas nasales con mal drenaje de secreciones, obstruidas o con mal aseo son más propensas a albergar gérmenes de todo tipo y continuar hacia una rinosinusitis. Una mucosa nasal demasiado reseca sufre las inclemencias del frío por lo que se debe asear la nariz sobre todo al despertar y al dormir y garantizar humectación de las fosas nasales con soluciones “nasales” isotónicas o que estén formuladas con un poquito de glicerol (estas últimas sólo de aplicación para proteger a la mucosa no para hacer lavados), una aplicación escasa y gentil de aceite de almendras dulces también ayuda mucho a la pobres narices en el frío mañanero. Nunca introducir cotonetes o papel o dispositivos para el aseo.

Cubrir con pasamontaña o bufandas, sobre el puente nasal, de escaso tejido desprendible ayuda mucho en las primeras horas de la mañana. No fumar y no inhalar humo “ajeno” es lo mejor que nos puede pasar para mantener nuestra vía aérea sana, en especial en época de invierno: los bebés y niños, las personas mayores y los muchos pacientes alérgicos que caminan por ahí sabiéndose o no susceptibles a los irritantes inhalados por su condición.

Que los adultos nos acostumbremos a vivir un día menos “mormados” que otros, que amanezcamos con ojeras o estornudando casi todas las mañanas o que sintamos comezón en la nariz no quiere decir que estemos sanos, peor aún si ya hemos disminuido nuestra capacidad de captar olores: no se trata de vida o muerte sino de calidad de vida.

El humo del cigarrillo es tan irritante cuando nos lo soplan en la cara como cuando lo percibimos en la ropa o cabello del otro (ojo con los niños de quienes nos alejamos para fumar pero los cargamos al ratito o los transportamos en el coche en el que fumamos). Los aromatizantes no eliminan los tóxicos de la combustión del cigarrillo del ambiente aunque tengan aroma a fresa.

A manera lógica, ética y personal: “el derecho de cada uno termina donde comienza el de los demás” y el derecho a fumar y a sufrir con cualquiera que sea la consecuencia de mis actos jamás estará por encima del derecho a la salud y la vida (entiéndase también calidad de vida) de los demás. Cualquier cuidado del ambiente que nos rodea será un granito de arena más para nuestra salud y la de nuestros hijos.

Dra. Milagros Neumann
Pediatra y Neumóloga